viernes, 31 de julio de 2015

Canalones

¿Me repetiré mucho si digo que éste es el año del agua? Puede ser, pero es que... ¡éste es el año del agua!! Y el tema de hoy es la recuperación del agua de lluvia. No sé si recordais que hace ya un tiempo se nos rompió un depósito de fibra de vidrio por el viento. Se trataba del depósito que alimenta la zona 1 de agua y lo sustituimos por uno de obra. Los depósitos de fibra de vidrio son un rollo porque tienen que estar llenos si no, pesan tan poco que se los lleva el viento y por aquí tenemos mucho viento. Pero como los depósitos de agua son carísimos, no está la cosa como para tirar el depósito viejo y, a pesar de lo mal que estaba, lo hemos estado arreglando poco a poco con estas manitas. La idea es ponerlo en algún lugar protegido del viento y usarlo para almacenar agua de lluvia.

Y ahí es donde viene esto: TA-CHÁAAAAAAAAAAAAN

Sí, sí, esto.

Canalones

Qué majos.

Y las piezas para sujetarlos.

Cortesía de una obra en una urbanización vecina.

miércoles, 29 de julio de 2015

El cuento de la planta de jengibre

Hace mucho, mucho tiempo (concretamente en 2014), en un reino muy lejano, vivía una campesina de mediana edad llamada la Menda Lerenda. La Menda Lerenda tenía muchas cosas: una hipoteca, una lavadora, una tierra con tubos misteriosos, una familia encantadora, un blog y un montón de cosas más... Pero le faltaba algo, aunque no sabía lo que era.

Un día, la Menda Lerenda fue a la frutería y vio un montoncito de raíces de jengibre. A la Menda Lerenda le encantaba el jengibre: el pan de jengibre, el jengibre escarchado, el chocolate... ah, perdón, el chocolate no se hace con jengibre... en fín, que la Menda Lerenda se dio cuenta de que lo que le faltaba para que su vida fuera perfecta era jengibre. Lo miró con deseo, pero estaba escandalosamente caro y la Menda Lerenda sólo tenía tres moneditas de cobre para comprar un saquito de trigo y una onza de manteca para hacerle la comidita a sus hijitos.

Pero, hete aquí que la Menda Lerenda se dio cuenta de que una de las raíces de jengibre tenía una yema abultada. "Oh -se dijo la Menda Lerenda-, si compro esta raíz y la pongo en agua, saldrá una hermosa planta de jengibre que podré plantar en mi casita y así tener jengibre para el resto de mis días." Y ni corta ni perezosa, la Menda Lerenda se gastó todo el presupuesto familiar en la raíz de jengibre.

Al llegar a casa, los hijos de la Menda Lerenda se le echaron a los brazos, gritando "Mamá, mamá, tenemos hambre." La Menda Lerenda les dijo: "Somos muy pobres y no hay nada que comer hoy. Anda, iros al bosque a hacer grafiti en alguna casa de chocolate o lo que sea que hace la gente de vuestra generación y dejadme en paz que tengo que plantar esta raíz de jengibre." Así que los niños se fueron a explorar el maravilloso mundo del Super Mario 3D World (que, por alguna razón, dejaron lleno de piedrecitas y miguitas de pan) y la Menda Lerenda puso amorosamente la raíz de jengibre en agua.

Pasaron los días y la yema de jengibre empezó a crecer y crecer. Le salieron raíces pequeñitas que empezaron a llenar el vaso. La Menda Lerenda la cuidaba mucho. Todos los días comprobaba que tenía suficiente agua y le cantaba canciones por lo bajini cuando nadie la veía.

Un día, una persona que no nombraré (la esposa de la Menda Lerenda, para más señas), se puso a limpiar la casa con tanto brío que le dio un golpe al vaso que contenía la raíz de jengibre y la tiró a través de la habitación, donde se rompió en mil pedazos. "¿Qué era eso?" -preguntó la malvada mata-plantas con fingida inocencia, mientras la pobre Menda Lerenda lloraba la muerte de su plantita.

Pero eso no paró a nuestra esforzada heroína. Ahorró y ahorró y compró otra raíz de jengibre con una llama abultada (la frutería del lugar no renovaba sus producto con demasiada frecuencia, pero nadie se está quejando, ¿eh?). La puso en un vasito y tuvo el cuidado de enseñarle a la malvada mata-plantas donde estaba y de repetirle aproximadamente mil veces al día que *no tocara el puñetero vaso, por favor*.

La yema se abultó y se abultó. Le salieron raíces pequeñitas que empezaron a llenar el vaso. La Menda Lerenda la cuidaba mucho. Todos los días comprobaba que tenía suficiente agua y le cantaba canciones por lo bajini cuando nadie la veía.

Un día, vinieron unos invitados y una persona que no nombraré pero que podemos llamar, es un decir, Karine, les enseñó con orgullo la incipiente plantita de jengibre. "La está criando la Menda Lerenda" -les dijo-, y le tiene mucho cariño. Tengo que tener cuidado porque la anterior la maté sin querer." "¿Cómo que la mataste?" preguntaron los invitados. "¿Cómo se puede matar una plantita tan bonita?" "Pues veréis -dijo la malvada mata-plantas-, yo hice así..." Y con un gran gesto de la mano, le dio un golpe al vaso que contenía la raíz de jengibre y la tiró a través de la habitación, donde se rompió en mil pedazos.

Es una historia verídica, lo juro.

Bueno, dicen que no hay dos sin tres y nuestra querida Menda Lerenda no se dio por vencida. Al verano siguiente (corría el año del Señor de 2015), la Menda Lerenda fue de nuevo a la frutería y de nuevo se encontró con un montón de raíces de jengibre con yemas. Escogió la más hermosa y la puso en un vasito. Tuvo el cuidado de enseñarle a la malvada mata-plantas donde estaba y de repetirle aproximadamente cien mil veces al día que *no tocara el puñetero vaso, por favor, pero esta vez en serio, te lo advierto, ni lo mires, ni te acerques y ni se te ocurra mentarlo siquiera*.

La yema se abultó y se abultó. Le salieron raíces pequeñitas que empezaron a llenar el vaso. La Menda Lerenda la cuidaba mucho. Todos los días comprobaba que tenía suficiente agua y le cantaba canciones por lo bajini cuando nadie la veía.

Y, voilà:



¿Sobrevivirá nuestra fermosa planta las malvadas intenciones de la mata-plantas con la que vive? ¿Renovará la frutería alguna vez su stock? ¿Conseguirá nuestra heroína bañarse en raíces de jengibre? ¡No se pierdan el próximo capítulo de "El cuento de la planta de jengibre"!


lunes, 27 de julio de 2015

Dos del huerto

Las temperaturas han bajado un poco y hemos tenido un par de tormentillas que le han sentado muy bien al campo. En el huerto, todo crece pero poco da fruto. Os traigo dos fotitos que he hecho a toda prisa.

Zinia en flor

Las cajas de fruta son para dar apoyo a las tomateras.

Pepino

Es la primera vez que planto pepinos y estoy feliz porque son las únicas plantas que están dando fruto ahora mismo.

Como podéis ver en las fotos, seguimos teniendo el sombrajo sobre los bancales y las plantas lo agradecen.

viernes, 24 de julio de 2015

La piscina bien, gracias

Éste es, para bien o para mal, el año del agua. El año que casi no llovió y casi no nevó y el año de los árboles muertos y el año en que no sabemos si vamos a llegar a septiembre con las reservas que nos quedan y el año en que nos damos cuenta de que tenemos que almacenar más agua en invierno: más agua en el suelo y más agua en las pozas y más agua en los aljibes y más agua es... ¡la piscina!

Si recordais, la última vez que vimos la piscina se estaba llenando y tenía esta pinta:

 Piscina hace unas semanas

Esas cosas grises que flotan sin algas. Salen cuando el agua no tiene bastante oxígeno.

Por aquel entonces, estábamos llenando la piscina por el simple método de abrir el grifo. En principio, el agua viene de una reserva independiente de los aljibes que usamos para regar.

 El grifo

Se nos ocurrió, porque somos así de listas, que si el agua cayera en vez de deslizarse por la pared, oxigenaría la piscina y la pared no se estropearía tanto. Así que pusimos (léase Karine puso) un tubo para que el agua cayera, tal que así:

 El ruido del agua al caer es muy agradable

Bueno, lo primero que tengo que decir es que el agua sigue manando y que estamos haciendo una reserva bien maja por si no llegan los aljibes (el mayor, de 18.000 L está bastante afectado). Lo segundo es que, como se puede ver en la foto anterior, la menta burrera está totalmente sumergida. Me han dicho que no le gusta. Yo voy a ver qué pasa. No es que desconfíe, es que el mundo es complejo.

 Los semilleros flotantes

Lo tercero es que los semilleros van bien. Han germinado cosas pero como no puedo poner las narices encima no sé qué. Voy a esperar a que estén más grandes para sacarlos y enterarme.

Lo cuarto es que las algas casi han desaparecido (hay una manchita pequeña pero creo que no se ve en la foto). No creo que ese pequeño chorro haya obrado el milagro, pero quizás la lluvia que hemos tenido estos días sí.

El agua tiene una pinta hasta agradable

Tengo grandes planes para esta piscina y estoy buscando formas de llevarlos a cabo con nuestro presupuesto (que asciende a 0€).

lunes, 20 de julio de 2015

Bancos

Sí, bancos, pero no tipo Bankia ni BCE, sino de los que se usan para sentarse, que es mi segunda actividad favorita en el jardín y el huerto (la primera es dormir la siesta).

Hemos encontrado un banco viejo en un contenedor y raudamente lo hemos recuperado con vistas a arreglarlo.

Banco viejo

También hemos ideado el malvado plan de transformar este cabecero de cama en un banco, tal que asín.

El cabecero en todo su esplendor.

Las fermosas decoraciones.

El firlipipí del ángulo.

Todos estos trabajos tendrán que esperar a que las temperaturas bajen a niveles compatibles con la supervivencia humana. Mientras tanto, hay que debatir acaloradamente dónde van a ir los bancos.

viernes, 17 de julio de 2015

Ya nadie reza

Gente de poca fe, ¿no os pedí hace poco que rezarais para que no hiciera viento?

Sombrajo caído.

Pues eso.

Aunque mi estimada esposa dice que no, que no ha podido ser el viento, que se han colado unos perros o unos jabalíes y lo han tirado. Aún así, hemos puesto más peso en los pies.

Ninguna hortaliza ha sido dañada durante la realización de esta entrada de blog.

miércoles, 15 de julio de 2015

Planes para la piscina

Cuando llegamos al Herrén había una piscina que excitó mucho a nuestros hijos. El primer año trabajamos como locas vaciándola y limpiándola, e incluso compramos productos químicos de los que no nos gustan para que los niños tuvieran una piscina. Todo eso para luego descubrir que la bomba no funcionaba.

Decidimos hacer una piscina natural, de esas que se limpian con plantas y un filtro de UVA. Miramos un poco los precios y decidimos que sería en otro momento.

La piscina quedó abandonada, disfrutada sólo por una pequeña población de sapos.

Este año, con el problema de calor y poca agua que tenemos, hemos vuelto la mirada hacia la piscina y hemos empezado a hacer planes maquivélicos.

Lo primero fue poner los semilleros a flotar en la piscina con la esperanza de que se rieguen solos. Esto lo vi en la Huerta Clarita.

 Semilleros flotantes. Por desgracia, los sapos piensan
que los he puesto para que ellos tomen el sol.

Buscando, buscando por Internet, encontré esta familia que convirtió su piscina en un estanque poniendo plantas en macetas.

Necesitábamos más agua así que decidimos dejar abierto el grifo de alimentación de la piscina (que viene del misterioso aljibe cerrado al que no tenemos acceso y que teóricamente se alimenta de su propio manantial).

El agua mana poco pero constantemente y la piscina se está llenando a pesar del calor.

Después levantamos dos plantitas de menta burrera de la que crece junto a las pozas y las pusimos en macetas. La hierba burrera es una planta de agua, pero no acuática propiamente dicha, así que la pusimos en la zona menos profunda, donde sólo tiene el fondo de la maceta en el agua. Esperamos que prosperen.

 Karine fue la valiente que se metió en el agua.

 Las macetas pioneras.

Nuestra idea llenar la piscina de macetas de diferentes tamaños con diferentes tipos de plantas acuáticas y palustres. También queremos probar algún tipo de cultivo de plantas comestibles (lechugas, fresas) directamente flotando en el agua.

Lo primero que vamos a hacer es poner un tubito en la salida del agua para que caiga con un poco de fuerza y añada oxígeno al agua.

Ya os contaremos.

lunes, 13 de julio de 2015

Sombrajo

Me gusta la palabra sombrajo. A primera vista puede parecer despectiva (es lo que tiene el sufijo -ajo), pero en realidad lo que viene a decir es: "hice lo que pude con lo que tenía y, aunque no sea muy elegante, funciona, así que cállate y reza por que no haya mucho viento".

Es decir, que *no* es esto:

Squash Arch In The Garden
Foto tomada de aquí.

Sino esto:

 No es bonito, pero es mejor que nada.

Os pongo al corriente: está haciendo tanto, tanto calor que, aunque estamos regando dos veces a la semana y hemos puesto microaspersion, y tenemos la tierra cubierta con cartón y paja, y el huerto está en la zona más fresca del Herrén, las plantas está sufriendo. Crecen, florecen y no mueren, pero se las ve estresadas.

Así que decidí ponerles un sombrajo. La idea no es completamente original. Mi amigo Paco, gran hortelano, sombrea sus tomates todos los años (¡Hola, Paco!), así que armada con ese dato (si Paco lo hace, no lo voy a hacer yo, pues buena soy), compré una malla de sombra (75%) y la instalé encima del huertecito.

En un lado, la malla está sujeta con cuerdas a un par de vallas de obra, de esas con pies que se insertan en grandes esos de hormigón. En el otro lado, la hemos sujetado a la puerta abierta del invernadero.

 Las piezas de plástico negro son las que normalmente sujetan el plástico
a los palos del invernadero, pero en este caso las he usado para sujetar la malla.

Una esquina que quedaba colgando la he atado a la valla del límite del Herrén.

 Tuve que meterme entre zarzas y luchar contra un par de avispas para lograrlo.

La malla sombrea bastante, como veis en esta foto, donde se ve la diferencia entre la zona al sol y la zona a la sombra.

 Al fondo, la futura terraza del invernadero.

La verdad, es que se está muy bien en el huerto ahora. Con la sombrita y el riego a todo trapo, me hubiera quedado allí a dormir una siestecita. 

Espero que a las plantas también les guste, que no echen de menos el sol y que florezcan y maduren bien los frutos.

 La correhuela nos invade, atrayendo a las abejas.

Si veo que pasan los calores o que va avanzando el tiempo y no hay maduración, quitaré la malla. Mientras tanto, espero que las plantas agradezcan la sombrita.

Creced, creced, mis tesoros.

PD: perdonad la mala calidad de las fotos: las he hecho con el móvil.

viernes, 10 de julio de 2015

De boba nada

La higuera que estaba en el Herrén cuando llegamos ha sido una fuente de preocupación desde el principio. Todos los años daba frutos pero se caían antes de madurar. Este invierno le puse estiércol maduro de caballo al rededor del pie y lo cubrí con cartón y paja.

Pocas cosas huelen mejor que una higuera

El resultado fue unos higos gigantes, pero que tampoco parecían madurar. Hace un mes, más o menos, estuve en la jornada de puertas abiertas de la Huerta Clarita, una huerta ecológica de la Comunidad de Madrid que vende cestas a grupos de consumo. El dueño sabe bastante de árboles y le conté mi problema con la higuera. "Eso es que es boba", me dijo. "¿Boba?", dije yo. "Sí," dijo, "lo mejor es que la cortes. Es nacida de semilla y no da buenos higos."


A los árboles nacidos de semilla que no dan buen fruto en mi tierra se les llama "bravos". ¿Es mi higuera una boba brava?

Da higos gordos pero no muy dulces, ni especialmente sabrosos.

¡¡Pues no!! Lo que le faltaba era un poco de agua, estiércol y amor. Este año hemos comido bastantes higos (hemos compartido generosamente con los pájaros) y esperamos comer muchos más en años sucesivos.

miércoles, 8 de julio de 2015

Las catalpas

Hubo un tiempo en que me gustaban las catalpas. Me gustaba su hoja, ancha y flácida, y sus flores e incluso sus vainas finas y secas. Me parecía un buen árbol de sombra y bonito, y práctico para pequeños jardines.

Después me fui a vivir a Nueva York. ¡Oh, las catalpas de Nueva York! Veréis, íbamos un día mi estimada esposa y yo en un coche alquilado por la zona más rural del estado de Nueva York cuando de pronto vimos una sucesión de enormes árboles desconocidos. Nos paramos. Pero, ¿qué árbol es éste? ¿Qué árbol es? Y entonces, lo comprendimos: eran catalpas. Solo que eran catalpas a una escala desconocida, digamos, sencillamente, que la rama más pequeña de ese árbol que estaba yo contemplando boquiabierta era al menos dos veces más grande que la catalpa más grande que yo había visto jamás.

Y desde entonces, cuando veo una catalpa en España, no puedo evitar sentir un poco de claustrofobia.

En fin... en el Herrén había tres catalpas cuando llegamos. Las catalpas gustan de agua y donde están, agua, lo que se dice agua, no tienen. Pero como sobreviven el verano mal que bien, yo no pienso regarlas por ahora. Tengo planes para ellas, pero eso se irá viendo poco a poco.

Lo que sí les hice este invierno, fue darles una buena poda de limpieza (lo que yo llamo poda de limpieza es: quitar madera muerta y quitar ramas que se cruzan y pueden convertirse en un problema más adelante. Nada radical). 

Y el resultado son unas catalpas más sanotas, verdes, florecidas, frondosas y contentas.

 La mediana

 La grande

La mediana otra vez

Por algún motivo no tengo fotos de las catalpas antes de la poda, así que tendréis que creerme sin pruebas gráficas: están mejor.

lunes, 6 de julio de 2015

Cosecha

Llevamos ya algún tiempo recolectando fruta y verdura del pequeño huerto que hemos puesto este año. Hasta ahora no habíamos puesto huerto porque estábamos en la CSA de Zarzalejo y, francamente, no dábamos a basto con la cesta semanal (en verano son dos cestas semanales).

A pesar de una helada a finales de mayo, que nos obligó a volver a plantarlo todo, el huerto va bien. Hemos recogido muchas lechugas y guisantes, que fueron las únicas plantas que sobrevivieron a la helada. Los tomates, pimientos, calabacines, patatas y pepinos que plantamos después de la helada están creciendo y floreciendo y esperamos poder recoger algo pronto.

Cosecha de un día

También hemos recogido patatas, guisantes y cebollas de la terraza del aparcamiento, que forma un microclima que protegió a las plantas de esa última y terrible helada. Había sembrado patatas rojas en marzo y han dado unas buenas patatas, grandes y hermosas, que nos estamos comiendo con ganas.

Hemos dejado una pequeña patata solitaria en cada uno de los huecos de las patatas anteriores con la esperanza de tener otra cosecha en septiembre. Eso significa que tendremos que regar. Las patatas que acabamos de recoger aprovecharon las lluvias y temperaturas más frías que ha habido desde marzo y no han necesitado riego.

Ahora mismo hace tanto calor y hace tanto que no llueve (y no hay que esperar que vuelva a llover mucho de aquí a septiembre/octubre) que he decidido ponerle un sombrajo al huertecito.

Ya os contaré.

jueves, 2 de julio de 2015

Sucesión en la zona 5

Debería estar documentando más los cambios que observo en el Herrén después de unos 3 años de no intervención o pequeñas intervenciones permacultoras.

Pero como tal perfección todavía me queda lejos, pondré simplemente un ejemplo de cómo han cambiado las cosas en la zona 5. Estas dos fotos se tomaron en el mismo lugar:

Zona 5, junio 2015

Zona 5, primavera de 2014

Las gramíneas están de salida y entran especies bianuales, como el gordolobo y gran variedad de rosetones de hojas que no conozco.