miércoles, 30 de noviembre de 2016

Afinando los días de Perséfone

Cuando leí por primera vez la idea de los meses de Perséfone (meses en los que no hay suficiente horas de luz al día para que las hortalizas se desarrollen) se me encendió una bombilla encima de la cabeza y fui contándoselo a todo el mundo como si me acabara de convertir a alguna religión. La respuesta entre mis amigos hortelanos se dividió en dos: los que me decían que eso explicaba muchos problemas que tenían con los huertos de invierno y los que me decían que no era verdad, que sus hortalizas seguían desarrollándose en invierno.

Mi fuente decía que las hortalizas necesitan 10 horas de luz diarias para desarrollarse, lo que hacía que mis meses de Perséfone empezaran el 8 de noviembre y terminaran el 2 de febrero.

Guisantes come todo el pasado mes de enero

Después empecé a fijarme y descubrí que en algunos casos, léase los guisantes, las plantas seguían desarrollándose después del 8 de noviembre. Al principio me extrañó y pensé que eso echaba por tierra la idea de los meses de Perséfone, pero después me di cuenta de que es absurdo pensar que todas las hortalizas necesitan las mismas horas de luz para desarrollarse. Cada especie y variedad tendrá requisitos de luz diferentes.

Cosecha de una sola mata un día de enero.

Busqué y busqué y no encontré esa información por ningún sitio, hasta que el otro día, recibí un email de Isis Loran, una hortelana extraordinaria que vive en Canadá, diciéndome que había ganado el sorteo de su libro, "The family food garden".

Y en ese libro, señores y señoras, encontré la siguiente preciosa información:

Horas de luz al día necesarias:

8 horas y más:
tomates
pimientos
berenjenas
calabazas
melones

6 horas:
algunas brásicas (no especifica)
judías
ciertas variedades de lechuga, espinaca y rúcula
zanahoria
algunas remolachas
nabo
hierbas aromaticas

Menos de 6 horas:
algunas brásicas, como coliflor, brócoli, kale y col/repollo
otras variedades de lechuga y espinaca
guisantes
otras remolachas
rabanitos

No quepo en mí de gozo. Fijarsus que los guisantes están en el grupo que menos horas de luz al día necesitan.

Coles rebrotadas ("sienos") en noviembre.

Entonces, ¿cuáles son mis días de Perséfone? Pues según estos grupos, ¡¡son inexistentes!! El día que menos horas de luz al día hay en mi latitud es el 22 de diciembre (el solsticio de invierno), día en el que tengo 9 horas (para ver las horas de luz que tienes cada día en tu latitud, ve aquí).

Eso significa que, con calor y protección suficiente, puedo plantar hortalizas de algún tipo todo el invierno. TODO EL INVIERNO.

El bancal cubierto por manta térmica en diciembre 2015.

Estoy feliz como una lombriz.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Licor de mora

Este año fue un buen año de moras y recogimos kilos y kilos que comimos, congelamos y transformamos en licor con esta receta:

LICOR DE MORAS


1 kg de moras
200 gr de frambuesas
750 gr de azúcar
2 litros de aguardiente

Hicimos la mitad de la receta, para aprovechar un litro de aguardiente que nos regaló un amigo hace tres o cuatro años. Procedía de una garrafa de aguardiente que encontró en el trastero de su suegro cuando limpiaban la casa tras su muerte. Este chico calculaba que el aguardiente debía de llevar allí como 50 años. Así que puede salir cualquier cosa.

Quitar los rabos de las moras y machacarlas sobre una tela de piquillo o gasa similar. Hacer un hatillo con la tela y apretar con las manos para que salga el zumo de las moras. Añadir al zumo el azúcar y mezclar bien. Añadir el aguardiente. Dejar reposar 3 semanas revolviendo de vez en cuando.

Tras 3 semanas de reposo. Huele bien.


Filtrar y embotellar.

El filtrado fue bastante más difícil de lo que pensábamos. Empezamos optimísticamente con este tinglado:



Pero no había forma de que colara, así que nos pasamos al colador normal.




El resultado:


Por el olor tiene más grados que una universidad americana. Yo todavía no me he atrevido a probarlo, pero mi estimada esposa lo ha hecho y, después de recuperar el aliento y limpiarse las lágrimas, ha dictaminado que necesita reposo.

Ya os contaremos...

lunes, 21 de noviembre de 2016

Los sospechosos autosembrantes habituales

Como sabéis si seguís el blog, soy bastante perezosa. Eso no significa que no me guste trabajar. Me encanta trabajar, sobre todo en el tipo de cosas que no dan dinero, y siempre soy la primera en apuntarme a grupos de trabajo de todo tipo y en hacer lo que haya que hacer para que la tarea salga a delante.

Lo que quiero decir cuando digo que soy perezosa es que no me gusta trabajar *en vano*. Creo en el no-hacer, es decir, que no hacer *lo que no es necesario*. Y también creo que para saber de verdad qué es necesario y qué no es necesario, hay que dejar de hacer muchas cosas sólo para acabar confirmando que sí son necesarias.

Y como el Herrén es mi laboratorio para aprender qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo, y ya hemos decidido que la producción ahora mismo no es prioritaria, que lo prioritario es entender la tierra para poder tener una buena producción de forma verdaderamente sostenible, me puedo permitir dejar dos bancales (se dice pronto, pero es la mitad del huerto) así, vacíos, todo el otoño para ver qué pasa si no hago nada.

Y lo que pasa, es, cómo no, autosiembra de los sospechosos habituales.

Caléndula

Rúcula

Acelga roja

Acelga verde. por el tamaño,
probablemente brotó de una acelga cortada,
no de una semilla.

La densidad es espectacular y una duda si dejar que la Madre Naturaleza siga su curso y observar qué pasa con tanta plantita o si aprovechar esa riqueza y trasplantar como una posesa a todas las lindes y cortavientos habidos y por haber.


Otra grata sorpresa es que las coles siguen brotando. Mi abuela, que tiene 89 años, acaba de pasar unos días con nosotros y me dice que las coles que rebrotan de esta forma se llaman "sienos" (o quizás "xienos") en Galicia y que son las mejores para hacer el caldo. Me cuenta que a veces las tienen en la plaza (el mercado) donde ella va a comprar y que están muy cotizadas.

Sienos

Estos sienos de la foto ya se han cortado y con ellos hicimos un caldo gallego riquísimo, bajo la atenta mirada crítica de mi abuela. El caldo acabó entre pecho y espalda, y la receta en el libro manuscrito de recetas familiares ("Aquí reunidas para disfrute y edificación de las generaciones futuras").

Otro sospechoso habitual son las setas, que sospechamos podrían ser algún tipo de champiñón, pero con la visita familiar no hemos podido llevarlos a identificar, así que por el momento no se tocan.



En conclusión: estoy un poco decepcionada porque pocas de las plantas que dejé subir a flor se han autosembrado. Me faltan rabanitos, remolachas, espinacas, escarolas, lechugas y coles. Por supuesto, es posible que sí se autosembraran pero todavía no sea yo capaz de reconocerlas. Y también es posible que simplemente no haya plantado las variedades adecuadas.

Voy a dejar crecer un poco las plantitas que sí han salido y transplantaré muchas de ellas a otros lugares. Luego plantaré habas, guisantes, espinacas, zanahorias, rabanitos, remolachas y demás delicias invernales en los bancales y cubriré todo con manta térmica o similar. Espero tener algo de cosecha durante el invierno pero sobre todo en primavera.

Seguiremos informando.




miércoles, 16 de noviembre de 2016

Primera helada

La semana pasada tuvimos nuestra primera helada pero afortunadamente la vimos venir y Karine corrió rauda y veloz la tarde anterior a ponerle protección a las lechugas.


Este año no hemos plantado tanto como el año pasado y notablemente faltan las espinacas, escarolas y diferentes variedades de lechugas que tan bien se dieron bajo la manta térmica el invierno pasado.


Las brásicas no necesitan protección, de hecho son más dulces cuando han pasado frío, pero espero que la protección les ayude a crecer un poco antes de que sea demasiado tarde.


Este año he plantado brásicas que nunca había plantado, como coles de Bruselas, brócoli y una coliflor morada.


Y un montón de lechuguitas de las que pronto empezaremos a coger hojas sueltas.


Todo va muy bien, salvo estas lechugas que por algún motivo están pasándolo mal.

También estamos experimentando cómo plantar semillas directamente en el acolchado por capas, que en este bancal tiene además lombricultura in situ. Hemos plantado habas y guisantes a través de pequeños agujeros en el cartón (hechos con un palo, para que nos entendamos) y ahora cruzamos los dedos para que 1) nadie se coma las semillas, 2) las semillas germinen, 3) el tallo encuentre el agujero y salga por él y 4) las plantas sobrevivas. Os iremos contando cómo va.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Una puerta redonda para el camino del cortavientos de la zona 1

El año pasado fue el de los grandes pensamientos, grandes descubrimientos y grandes diseños.

Este año estoy decidida a que sea el año de los grandes embellecimientos. Así que sin más preámbulo, os presento, la puerta redonda:

TACHÁAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN


¿No es fermosa ella?


Y lo será aún más cuando esté colonizada por una trepadora.


Consiste, muy simplemente en la estructura de una vieja cama elástica que se rompió. La enterramos en el suelo, apoyada en una de sus patas en forma de U y, aunque está un poco inclinada, está estable. 

La puerta de entrada a un camino de recreo que está entre el cortavientos sur de la zona 1 y una isla de plantas formada por la jardinera de los aloes, un almendro, la zona de tratamiento casero de aguas grises de la cabaña y el ciruelo.

A pesar del calor y la sequía de este verano (y el anterior), nuestro sistema de maltrato de las plantas empieza a dar su fruto. Ya hay bastante arbustos y árboles que han sobrevivido, y sin han sobrevivido al poco riego (en volumen y frecuencia) que les damos, espero que sobrevivan cuando dejemos de regarlos (al cabo de tres años de plantarlos).

Este madroño no sólo ha sobrevivido, sino que ha crecido muchísimo esta primavera/verano.

Lilo comido por algún ser, pero vivo y creciendo.

Laurel.

¿Cornucabra?

El que ha muerto sin remedio es el lluvia de oro del lado oeste del camino. 
Hay otro a mitad del camino que está bastante bien.

En el borde de este camino está enterrada nuestra amada gata Ur, que murió la primavera pasada con 19 años y la idea es poner un par de bancos, plantar aromáticas y hacer un lugar agradable y sombreado para pasear o sentarse a leer o a conversar.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Habitantes de la piscina

La piscina, a pesar de se una construcción vieja, descascarada y bastante desagradable en general, alberga una gran cantidad de seres que nos deleitan con su presencia.

Arañas,

tritones,

ranas,

sapos

y nuestra amiga la culebra viperina.

Le hemos puesto Ka.






lunes, 7 de noviembre de 2016

La jardinera sur, la gran olvidada

Es un hecho: la jardinera norte se lleva toda la atención. Ayuda que es casi lo primero que se ve al aparcar el coche (lo primero es la terraza del aparcamiento, como su nombre indica) y que es uno de los sitios más protegiditos y está llena de flores y hierbas (aunque todavía no está como la quiero).

La jardinera sur, por el contrario, está sometida al fuerte viento y el más fuerte sol, y cuesta que las cosas prosperen. Desde el principio me empeñé en plantar un rosal y ya llevo varios que mueren invariablemente al poco de plantarlos.


Además, al tener la piedra esa enorme que sobresale, gran parte de la jardinera (que en realidad no es una jardinera, sino un trozo de tierra en el lado sur de la cabaña) tiene apenas unos centímetros de suelo.


Las lavandas que plantamos el primer año están preciosas y esta primavera van a darnos muchos esquejes,


En las zonas sin suelo he plantado siemprevivas procedentes de la terraza del aparcamiento, que están haciendo hijos como locas.


La barrerita decorativa de ramas que hice hace tiempo está aguantando bastante bien y creo que voy a extender la idea por doquier.


Una amiga (hola, Fran) me regaló estas plantas y dudo entre plantarlas todas, plantar sólo algunas y dejar otras en la maceta, ponerlas en otra parte, en fin, que no sé.

En resumen, este invierno voy a darle un poco de amor a esta jardinerita, que se lo merece.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Aloe superviviente

A pesar de haberlos puesto al sur de una enorme piedra y haber añadido pequeñas piedras de pizarra individuales para aumentar la masa térmica, los aloes lo pasaron mal con el frío del invierno y tras unos altos y unos bajos, acabaron por morir.

Sobrevivió sólo uno, que protegí del frío metiéndolo directamente en un horno solar. A grandes males, grandes remedios.




El aloe pasó el invierno feliz dentro del horno y al llegar el verano me plantée quitarle el horno y dejarlo al aire libre. Entonces me di cuenta de que tendría que quitar y poner el horno todos los años. Y como soy así de vaga me pregunté, "¿qué pasaría si no lo quito?" Al fin y al cabo, los aloes son plantas de sitio caliente, muy caliente, y lo mismo sobrevive el verano dentro del horno solar.

Así que, queridas lectoras, una vez más he observado e interactuado a lo bruto. Os presento. pues, una planta de aloe que ha pasado el verano dentro de un horno solar cerrado orientado al sur en la sierra madrileña:

No es exactamente lo que buscaba, la verdad.

El pobre aloe está *cocido*. Le quité el horno y pasó unos días bajo la lluvia otoñal y ahora que estamos en noviembre (mi primera helada suele ser la última semana de octubre) y el riesgo de heladas es grande y encima ha dejado de llover (observo que cuando llueve no suele helar, pero si los días son soleados, sí), le he vuelto a poner su horno para que pase el invierno calentito.



Por ahora le he dejado la puerta abierta para que no pase demasiado calor y en primavera, una vez pasado el riesgo de heladas, prometo quitarle el horno y dejarle pasar el verano al aire libre.